Mantenimiento

Internet a bordo de un velero: hasta dónde llega el celular, qué plan de Starlink sirve mar adentro y qué consume cada opción

Las tres capas de conexión que existen en un barco —datos móviles, satelital de banda ancha y satelital de banda estrecha—, la milla exacta en que se cae cada una y lo que cuesta al mes en dólares. Con el consumo eléctrico de cada opción, que es la parte que nadie calcula antes de comprar el equipo.

8 min de lectura

En resumen

Las tres capas no compiten, se relevan: datos móviles con antena externa cubren de 15 a 25 millas de la costa por $15-30 al mes, el satelital de banda ancha cubre el resto desde unos $50 mensuales en planes costeros y $250 en los oceánicos, y un comunicador de banda estrecha resuelve mensajes y pronóstico desde $15. La decisión que se olvida es eléctrica: una antena satelital compacta encendida todo el día son unos 40 amperios-hora, del orden de lo que gasta la nevera, y pide unos 150 W de panel adicionales. Paga por la capa que corresponde a la milla en la que de verdad navegas: el 90% de los veleros de crucero no pasa de diez millas de tierra.

La conexión a bordo dejó de ser cosa de yate grande hace unos tres años, y con eso cambió la pregunta. Ya no es «¿se puede tener internet en el barco?», sino cuál de las tres capas que existen te corresponde según dónde navegas, cuánto pagas al mes por ella y —la parte que nadie calcula antes de comprar el equipo— cuántos amperios-hora se lleva del banco.

Barco de referencia, el mismo del resto de la serie: monocasco de crucero de 35 pies, instalación de 12 voltios, aguas cálidas. Cifras de 2026, en dólares.

Las tres capas, y la milla en que se cae cada una

Hay tres tecnologías en juego y no compiten: se relevan según te alejas de la costa.

  • Datos móviles (LTE/5G). Baratos, rápidos y de alcance corto: con el teléfono en la mano, de 3 a 8 millas de la costa; con antena externa, de 15 a 25.
  • Satelital de banda ancha (Starlink y equivalentes). Ancho de banda de tierra firme, mar adentro, a cambio de consumo eléctrico permanente y una cuota que duele.
  • Satelital de banda estrecha (Iridium, inReach). Lentísimo —kilobits, no megabits—, pero funciona en cualquier punto del planeta y cuesta lo que un almuerzo al mes.

El límite de la primera capa no es comercial, es geométrico. El horizonte de radio sale de la altura de las dos antenas: en millas náuticas, 1,23 × (√h1 + √h2) con las alturas en pies. Una antena en el tope de un palo de 15 metros y una torre costera de 30 dan 21 millas de línea de vista: ese es el techo teórico.

En la práctica sale la mitad, por una razón de diseño: las antenas de las torres celulares apuntan ligeramente hacia abajo —el downtilt— porque están hechas para cubrir población, no mar. Mar adentro quedas por encima del lóbulo principal y la señal se desploma mucho antes de que el horizonte sea el problema. Por eso pasar de dos rayas a cero ocurre casi de golpe.

Datos móviles: estirar la cobertura costera

Es la capa con mejor relación entre precio y resultado, y la más desaprovechada. Dos decisiones la definen.

La antena arriba, y el módem también. Una antena LTE externa de 7-9 dBi en la cruceta o el tope multiplica el alcance frente al teléfono, pero la trampa está en el cable. Un coaxial delgado tipo RG-58 pierde unos 0,5 dB por metro a 1.800 MHz: dieciocho metros de palo son 9 dB tirados, casi el doble de lo que aporta la antena. Lo que funciona es no bajar coaxial: montar el módem-router a un metro de la antena y bajar cable Ethernet, que no pierde señal. Un router industrial con ranura para SIM ronda los $150 a $250 y la antena MIMO otros $80 a $200.

La SIM es local, no regional. Los planes de roaming para viajeros suelen cubrir América del Norte y detenerse ahí, con un precio por gigabyte fuera de esa zona que no tiene defensa. Un prepago del operador dominante de cada costa —Telcel en México, Claro o Movistar en Colombia, Entel en Chile, Personal en Argentina— cuesta entre $15 y $30 al mes por 15 a 40 GB, y es el que tiene torres apuntando a esa bahía.

Y no confíes en los mapas de cobertura: son optimistas en la costa e inventados sobre el agua. En un fondeadero remoto, asume que no habrá señal.

Starlink a bordo: qué plan sirve mar adentro y qué cuesta en watts

La antena. La versión compacta —el modelo Mini— es la que tiene sentido en un velero de crucero: cabe en un pórtico de popa y, lo decisivo, acepta alimentación directa de 12 a 48 voltios en corriente continua. Se conecta al banco sin inversor, lo que ahorra el 10-15 % que se pierde convirtiendo a 120 V y quita un aparato encendido toda la noche. La rectangular estándar pide 48 V y obliga a inversor o a un convertidor de continua a continua. Hardware: $300 a $500 la compacta; las de alto rendimiento para uso comercial pasan de los $2.500 y aquí no se justifican.

El plan. Lee esta parte despacio, porque los nombres y la letra pequeña cambian cada pocos meses. En 2026 hay planes de movilidad terrestre y costera desde unos $50 al mes por 50 GB y alrededor de $165 sin límite, y planes con cobertura oceánica real que arrancan cerca de los $250 mensuales y suben rápido con los datos priorizados.

La diferencia entre un plan costero y uno oceánico no se nota en el muelle. Se nota a cuarenta millas de tierra, que es donde ya no puedes cambiarlo. Mira en tu cuenta la cobertura de la ruta concreta antes de zarpar, no el mapa general.

El detalle que salva dinero: el plan se puede pausar por meses completos. Si navegas tres meses al año, pagas tres. Quien lo deja corriendo por inercia gasta de más en una temporada lo que cuesta la antena.

Lo que consume. Una antena compacta promedia de 12 a 25 W, con picos de 40 al arrancar. Suena a poco hasta que lo multiplicas por veinticuatro horas: 20 W continuos son 480 Wh al día, unos 40 amperios-hora a 12 voltios, del orden de lo que gasta la nevera. Eso obliga a rehacer la cuenta de cuántos watts de panel solar hacen falta según lo que gastas al día: cubrir esos 40 Ah pide unos 150 W de panel adicionales. Apagarla de noche es la medida más barata de todas.

Cuando no hay ancho de banda: mensajes y parte meteorológico

Para una travesía larga, o como respaldo, la banda estrecha es insustituible. No sirve para ver video: sirve para que sepan dónde estás y para bajar el pronóstico.

  • Comunicador satelital de bolsillo (tipo inReach): unos $400 el aparato y desde $15 al mes el plan. Mensajes, posición compartida, pronóstico resumido y botón de emergencia. Es lo mínimo para salir de la vista de la costa.
  • Terminal Iridium con datos: de $800 a $1.000 el equipo y de $60 a $150 mensuales. Va a 2,4 kbps: un GRIB comprimido de 30 a 60 KB tarda de tres a ocho minutos. Basta para una travesía si pides el archivo con criterio: área acotada, pocas variables, pocos plazos.

Bajar el pronóstico es la mitad del trabajo; la otra es leer el parte sin creértelo del todo. En temporada ciclónica, el seguimiento diario de los avisos —del Centro Nacional de Huracanes, de SEMAR en México, de DIMAR en Colombia— es el uso que justifica pagar la conexión: dónde dejar el barco y cuándo moverlo se decide con esa información en la mano.

Y conviene decirlo: ninguna de estas tres capas es un equipo de seguridad. La radiobaliza y el VHF no se sustituyen con una antena satelital, se suman a ella.

Qué montar según cómo navegas

  • Fin de semana costero. Router con SIM local y antena externa: $300 a $500 de inversión y $15 a $30 al mes. Satelital aquí es pagar por no usar.
  • Temporada de crucero costero —Mar de Cortés, Caribe colombiano, Río de la Plata—. Lo anterior más un plan satelital costero pausado fuera de temporada: de $50 a $165 los meses que navegas, cero el resto.
  • Vida a bordo. Satelital permanente más celular de respaldo: de $180 a $250 al mes y unos 150 W de panel extra. Es una partida fija, y como tal entra junto al amarre y la comida en el presupuesto mensual de vivir a bordo para dos.
  • Travesía oceánica. Plan con cobertura de océano si el presupuesto lo permite, y en cualquier caso un comunicador de banda estrecha independiente, con su propia batería. Redundancia real, no dos aparatos colgando del mismo banco.

La regla que ordena todo esto: paga por la capa que corresponde a la milla en la que de verdad navegas, no a la que te imaginas navegando. La mayoría de los veleros pasa el 90 % de su vida a menos de diez millas de tierra, y ahí una antena de $150 hace el trabajo de una suscripción de $250 al mes. Antes de firmar el plan satelital, mira dónde cae en lo que cuesta tener un velero al año: compite con el amarre y el seguro por el mismo dinero.

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