La discusión suele plantearse mal. Se compara el precio de un barco usado con el de una semana de alquiler, sale que en tres o cuatro años «ya lo habrías pagado», y ahí se cierra el debate. La cuenta está mal desde el principio, porque un velero no cuesta lo que pagas por él: cuesta lo que pagas por él más todos los meses que no navegas.
Hay una forma limpia de decidirlo, y cabe en una pregunta: ¿cuántas semanas al año vas a estar de verdad a bordo? Con ese número y dos cifras más, la respuesta sale sola.
Lo que cuesta el barco propio, esté o no en el agua
Un crucero de 35 pies en la región cuesta entre $6.000 y $14.000 al año, y lo que más mueve esa horquilla no es el barco sino el puerto. El desglose completo está en cuánto cuesta tener un velero al año en Latinoamérica.
El problema del Mar de Cortés es que cae en la parte alta de esa horquilla, y por una sola partida: el amarre. Costa Baja, en La Paz, ronda los $17 por pie al mes en esloras chicas; para 35 pies son del orden de $630-750 mensuales con impuestos, o sea entre $7.500 y $9.000 al año solo por estar amarrado. Las tarifas comparadas de la región están en cuánto cuesta un amarre de velero en Latinoamérica.
Súmale la varada con antifouling cada 12 o 18 meses, el seguro y las reservas de jarcia, velas, baterías y motor, y el año honesto de un 35 pies en La Paz se planta con facilidad en $11.000-14.000. Ese número no depende de que navegues: se paga igual.
Lo que cuesta el barco de otro
En La Paz hay chárter con y sin patrón. Sin patrón, lo más básico arranca alrededor de $1.800 la semana, y un monocasco moderno de 40 pies —hay bastantes Oceanis y Sun Odyssey en la flota local— se mueve en temporada entre $3.000 y $5.000 semanales. Los catamaranes van claramente por encima.
Pon las dos cifras juntas y aparece el número que decide:
Con un año de propiedad en $12.000 y una semana de alquiler en $3.500, el punto de equilibrio está en algo más de tres semanas al año. Por debajo de eso, alquilar gana sin discusión.
Y el equilibrio real está todavía más arriba, porque a la columna de la propiedad le faltan dos cosas que casi nunca se cuentan: el dinero inmovilizado en el barco, que no está rentando en ningún otro sitio, y la depreciación. Alquilando, además, ninguna avería es tuya.
La temporada recorta el año más de lo que parece
Aquí hay un factor local que cambia la cuenta y que no aparece en ningún artículo genérico sobre el tema. La ventana buena del Mar de Cortés va aproximadamente de noviembre a mayo. El verano trae calor extremo, chubascos y, sobre todo, la temporada de huracanes.
Eso significa que el barco propio pasa varios meses al año sin usarse, y no gratis: sigue pagando amarre, o pagas por dejarlo en un sitio protegido, que es una decisión que se toma en primavera y no en septiembre —está desarrollado en temporada de huracanes: dónde dejar el velero—.
El que alquila, sencillamente, no navega esos meses y no paga nada.
Alquilar como banco de pruebas antes de comprar
Hay un uso del chárter que no va de ahorrar dinero sino de no equivocarse, y es probablemente el mejor argumento de todos.
Casi todo el mundo compra demasiado barco la primera vez, y la lógica de por qué está en qué velero comprar para empezar. Dos o tres semanas de alquiler en la zona donde piensas tener el barco te enseñan, por unos pocos miles de dólares, cosas que de otro modo aprenderías con el barco ya comprado:
- Qué eslora manejas de verdad cuando entras a un muelle con viento cruzado y sin nadie que te tome un cabo.
- Si te gusta la zona tanto como creías. Las islas del Cortés son extraordinarias, pero el fondeo aquí tiene sus reglas y los vientos también.
- Qué marina quieres, con qué servicios y a qué distancia real de tu casa o del aeropuerto.
- Si tu familia va a subirse al barco más de una vez. Este es el dato que más presupuestos ha salvado.
Visto así, el alquiler no compite con la compra: la prepara. Y sale muchísimo más barato equivocarse en una semana de chárter que en una compraventa.
Cuándo gana comprar, de verdad
Comprar deja de ser un mal negocio cuando pasa alguna de estas cuatro cosas:
- Navegas más de cinco o seis semanas al año. Ahí la cuenta ya se dio la vuelta.
- Vives a bordo, o piensas hacerlo. El barco deja de competir con el alquiler y pasa a competir con tu renta.
- Vas a cruzar, o a hacer temporadas largas. Nadie te alquila un barco para bajar a Panamá.
- Quieres el barco a tu manera: tu electrónica, tu fondeo, tus velas, tus reformas. Eso no se alquila.
Fuera de esos cuatro casos, y sobre todo si estás empezando, el número manda. Si vas a navegar dos o tres semanas al año, el barco más barato del Mar de Cortés es el de otro.


