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Cuánto combustible gasta un velero: litros por hora, por milla y por año, y por qué el último nudo cuesta el triple

Litros por hora según las revoluciones, litros por milla según la velocidad y lo que suma al año con el precio del diésel de siete países de la región: la cuenta de un crucero de 35 pies con un motor de 30 caballos.

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Velero de crucero amarrado en el muelle de combustible de una marina de Bahía de Banderas, con un tripulante cargando diésel por la boca de cubierta, bidones rojos en el muelle y la Sierra Madre cubierta de selva al fondo

En resumen

Un crucero de 35 pies con un diésel de 30 caballos gasta unos 1,8 litros por hora a 6 nudos y 6 a fondo: ir a 7,2 nudos en vez de 6 cuesta casi el triple por milla, y el mismo tanque de 130 litros pasa de dar 280 millas a 100. Para un barco de fin de semana, con unas 100 horas de motor al año, son 200-250 litros: entre $170 y $500 según el país (en México, $290-365), menos que un mes de amarre. Lo que dispara la cuenta es ir a fondo, el casco sucio y cargar baterías con el motor al ancla.

«¿Cuánto gasta?» es una pregunta que todo el mundo hace en litros por hora, y la respuesta que importa va en litros por milla. Entre las dos está el acelerador: el mismo velero, con el mismo motor, gasta casi tres veces más por cada milla según las revoluciones a las que lo lleves. Esa diferencia pesa más que la marca del motor o el país donde cargas.

El barco de referencia es el mismo del desglose del costo anual de un velero en Latinoamérica: un crucero de 35 pies con un diésel de 30 caballos que da su máximo a 3.600 rpm, y un tanque de 130 litros, el de fábrica de un Beneteau Oceanis 34.1 o un Jeanneau Sun Odyssey 349.

Litros por hora: decide la hélice, no el motor

Un diésel no gasta según los caballos que tiene, sino según los que le pide la hélice en ese momento. Y la hélice pide potencia de forma muy desigual: la que absorbe crece aproximadamente con el cubo de las revoluciones. Yanmar dibuja sus curvas de consumo con esa misma ley —«carga de hélice, exponente 3», dicen sus fichas—. A dos tercios de las revoluciones máximas, el motor entrega alrededor del 30 % de su potencia, no el 66 %.

El otro dato es del arquitecto naval Dave Gerr, y lo recogió Practical Sailor en 2025: un diésel quema unos 0,2 litros por caballo y por hora de potencia realmente entregada a la hélice. Con las dos reglas, el motor de 30 caballos queda así:

  • 2.400 rpm (dos tercios): unos 9 caballos en la hélice, 1,8 litros por hora.
  • 3.000 rpm: unos 17 caballos, 3,5 litros por hora.
  • 3.600 rpm, a fondo: los 30 caballos, 6 litros por hora.

Los registros de propietarios cuadran: en foros de dueños de Estados Unidos, uno promedió 2,5 litros por hora con un motor de 30 caballos a lo largo de 2.000 horas, y otro midió 1,6 con el de 18 caballos de su Hunter 320.

Litros por milla: el último nudo cuesta el triple

La velocidad no sube al mismo ritmo que el consumo. Un casco de desplazamiento tiene un techo, la velocidad de casco —1,34 por la raíz cuadrada de la eslora de flotación en pies—, que en un 35 pies con 30 de flotación ronda los 7,3 nudos. Acercarse a ese techo cuesta cada vez más, porque el barco levanta una ola de proa que tiene que remontar.

Con valores típicos para ese barco —los del tuyo dependen de la hélice y del fondo—:

  • A 2.400 rpm, 6 nudos: 0,30 litros por milla.
  • A 3.000 rpm, 6,8 nudos: 0,51 litros por milla.
  • A fondo, 7,2 nudos: 0,85 litros por milla.

Ir un 20 % más rápido cuesta casi el triple por milla. Del tanque de 130 litros conviene contar unos 115 utilizables, porque con mar la toma aspira aire antes de que se vacíe, y dejar 30 de reserva: quedan 85 litros para planificar, que son 280 millas a 6 nudos o 100 a fondo. Mismo barco, mismo tanque.

El acelerador es el único equipo de ahorro de combustible que ya viene instalado. Las últimas 600 revoluciones compran menos de medio nudo y suben el gasto por milla en dos tercios.

Los diésel pequeños están pensados para trabajar de forma continua entre el 60 y el 80 % de sus revoluciones máximas, como recuerda Practical Sailor, y la regla práctica es navegar un nudo por debajo de la velocidad de casco. Más abajo tampoco conviene quedarse: las horas casi sin carga son las que llenan de carbón el codo de escape, como se explica en cómo se valora la mecánica de un velero usado.

Lo que suma al año, en dólares

Precio del diésel en surtidor, promedio nacional con impuestos, según GlobalPetrolPrices (septiembre y octubre de 2026):

  • Ecuador: $0,83 por litro.
  • Colombia: $0,94.
  • Panamá: $1,40.
  • México: $1,46 (26,8 pesos).
  • Chile: $1,46.
  • Argentina: $1,63.
  • Perú: $1,97.

Son precios de un año caro: el diésel subió en todo el mundo desde febrero, y en Ecuador cuesta un 73 % más que hace doce meses. En el muelle de combustible de una marina puede salir más caro que en la gasolinera del pueblo; si cargas con bidones, trasvasa siempre con embudo de filtro. Con esos precios, tres perfiles:

  • Fin de semana. Un velero de fin de semana le pone unas 100 horas al año al motor, entre maniobras, ralentí y travesías cortas: de 200 a 250 litros. Son de unos $170 en Ecuador a casi $500 en Perú, y en México $290-365 al año: menos que un solo mes de amarre en el Pacífico mexicano. Por eso el desglose anual lo dejó fuera; es la partida más chica.
  • Vida a bordo. De fondeo en fondeo, el gasto que crece no es el de navegar sino el del motor encendido para cargar baterías. Una hora diaria al ancla con el alternador trabajando quema cerca de un litro: 365 litros al año, más de $500 en México, solo para tener corriente. Con 400 W de paneles solares bien dimensionados, unos 100 amperios-hora al día en aguas cálidas, esa hora desaparece. El presupuesto mensual de vivir en un velero en Latinoamérica cuenta de $80 a $200 al mes entre diésel, gasolina del bote y gas de cocina.
  • Un traslado largo. En un traslado navegando de 600 millas con la mitad a motor, esas 300 millas son 90 litros a 6 nudos o 255 a fondo: en México, de $130 a $370 por la misma distancia.

Lo que sube el consumo sin que lo veas

El fondo y la hélice. Michael Schultz, de la Academia Naval de Estados Unidos, calculó en 2007 cuánta más potencia necesita un casco sucio para mantener la velocidad de crucero: un 11 % con una película ligera de lama, un 21 % con lama espesa y un 86 % con el casco cubierto de balanos. Es un cálculo para una fragata, no para un velero, pero el orden de magnitud sirve. En agua caliente el casco se ensucia en meses, y ese es uno de los costos de estirar la varada y la carena más allá de lo que toca. Una pista sin bajar al agua: si el motor no llega a sus revoluciones máximas y echa humo negro con carga, revisa la hélice antes que el motor.

La corriente y el mar de proa. El consumo por hora no sabe de corrientes; el de por milla, sí. En el Canal de Ballenas, la misma travesía dura cuatro horas o doce según la ventana de corriente: el triple de diésel por la misma distancia.

La mayor guardada. Con viento de través, ir a motor con la mayor izada da velocidad con las mismas revoluciones y quita balance. Es el ahorro más barato que existe y el que menos se usa.

Mide el tuyo: dos llenados y el horómetro

Las cifras de arriba sirven para orientarse; el dato bueno es el de tu barco, y se saca sin instrumentos:

  • Llena el tanque hasta el tope y anota las horas del horómetro.
  • Navega como siempre y vuelve a llenar hasta el tope, en el mismo muelle si puedes. Divide los litros entre las horas; con las revoluciones y las millas del trayecto, tienes también los litros por milla.
  • Repítelo dos o tres veces: un solo trayecto mezcla maniobras, ralentí y corriente.
  • Aprovecha cada llenado para calibrar el indicador: cuántos litros entran cuando marca un cuarto o la mitad. En un barco usado casi nunca dice la verdad.

Y cuida lo que entra: en el trópico, el diésel guardado junta agua de condensación y lodo microbiano. Carga donde se venda mucho, deja el tanque lleno si el barco va a estar parado y revisa el decantador como parte de la rutina de veinte minutos del motor diésel.

La cuenta final: para un velero de fin de semana, el combustible es la partida más pequeña del año. Se vuelve grande por tres caminos —ir a fondo, llevar el fondo sucio y cargar baterías con el motor—, y los tres dependen de ti, no del precio del surtidor.

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